13 mar 2013

Conclusión

Con cada nuevo libro se aprende algo.  Y "Vapor" ha sido muy generoso conmigo en este aspecto.




Si habéis ido siguiendo las notas que he dejado en este blog, ya sabéis que yo había imaginado una historia y la dirección en la que quería llevarla, y tenía bastantes ideas sobre qué hacer y cómo hacerlo, pero también había dejado multitud de cabos sueltos y bastantes decisiones -incluso capítulos enteros- sin concretar cuando me puse ya a dibujar las páginas. No hay otra manera de empezar que tirando de las ideas que uno ha ido organizando, pero trabajar con ellas es como tratar con fantasmas. Son volátiles y  escurridizas, y solo mediante el dibujo alcanzan a corporeizarse. Y a medida que avanzaba dibujando las páginas de "Vapor" empecé a descubrir que el dibujo, al tomar cuerpo, tenía cosas que decirme. A partir de cierto momento, justo cuando empezaba a sufrir por los huecos en el guión, comprobé asombrado que el dibujo tomaba el mando: me sugería desarrollos, me daba pie a gags imprevistos, me dictaba peripecias, me conducía justo donde había que ir.

Comprobé que de poco sirve tener un guión perfectamente estructurado de antemano y atenerse a él caiga quien caiga. El dibujo te va a mostrar muchas cosas que no habías visto. Porque si la elaboración de un guión tiene mucho de artificioso -esa obsesión del narrador por hacer que todo cuadre-, lo que te está diciendo el dibujo es, por contra, puramente orgánico, nace de la propia historia, no desde fuera, y tiene sentido dentro de ella. Sólo a través del dibujo empieza a aparecer la auténtica lógica, la verdad de la historia -esa que tú no sabías que estaba ahí-, y el autor hará bien en dejarse llevar por ella abandonando sus ideas previas. Hay que escuchar al dibujo.

Eso he hecho en este libro, rendirme a ese poder de generar narrativa que reside en el puro dibujo. Y comprobar que al hacerlo, todo empieza a fluir orgánicamente. Ya no eres el deus ex machina que mueve los hilos a su antojo según un plan predeterminado, sino que el dibujo te ha revelado la verdad que la propia historia hace germinar, y tú ya no tienes más que dejarte enredar por ella y seguirla hasta el final.

¿Suena demasiado abstracto? Lo cierto es que se me hace difícil explicarme mejor, porque la conciencia de este proceso "orgánico" ha sido nueva para mí y seguramente aún tengo que acabar de entenderlo yo mismo. Pero sí sé cuánto me ha servido para que acabara saliendo un libro distinto -y mejor- del que yo tenía en mente cuando empecé a dibujarlo, y también sé que ahondar en este proceso será uno de los impulsos que guiarán mis trabajos futuros.



Y con estas notas doy por terminado este blog. Las noticias que pueda generar el libro a partir de ahora las iré recogiendo en mi blog principal, el hombre duerme, el fantasma no. Algunas personas cercanas me han sugerido la posibilidad de hacer un libro explicando más ampliamente mis métodos de trabajo a partir de los materiales recogidos aquí como ejemplo concreto. Es una idea tentadora, desde luego, pero hay otros proyectos rondando mi mesa y habrá que ver cuál de ellos me arrastra primero, porque los días no dan para todo. En cualquier caso, ha sido sumamente esclarecedor para mí ordenar y revisar a posteriori todo el proceso creativo del libro, como enriquecedores han sido los comentarios que habéis aportado. Espero que a vosotros os haya iluminado en algo y lo hayáis disfrutado tanto como yo. Mil gracias por leerme y acompañarme.

8 mar 2013

El rotulado del título

Confieso que me cuesta muchísimo avanzar en un proyecto si no tengo título para el mismo. Un buen título me da seguridad y me arma de valor para esforzarme a hacer una obra a la altura del mismo (lo digo absolutamente en serio). Por suerte, di muy pronto con el título para este libro, y ya en seguida empecé a visualizarlo. Puede que a un escritor le dé igual si su título va a ir en Futura o Garamond, pero para un dibujante un título nunca es abstracto, un título se dibuja, igual que se dibuja un personaje o un automóvil, y por tanto hay que dotarlo de identidad visual. Había una versión primitiva del rotulado del título en mis cuadernos, junto a las primeras anotaciones del guión, con unas letras temblorosas y un degradado interior "siniestro", típicas de los gloriosos cómics de terror de la EC.


Cuando hice la primera portada decidí dibujar la letra bastante más esbelta, y reforzar el grosor de su contorno. Cuando rotulo titulares suelo seguir la norma de que el grafismo con que dibujo las palabras que lo forman aluda de algún modo a su significado: las letras estiradas y el temblor de su contorno se asocian fácilmente al movimiento ascendente del vapor, igual que ese rayado degradado interior:


Cuando hube terminado el libro y me enfrenté al diseño de la portada, decidí quitarle al título ese aire tan de tebeo clásico y llevarlo a un terreno mucho más sobrio -severo, incluso-, convirtiendo las letras en silueta maciza y manteniendo mínimamente ese temblor que sería característico del vapor, pero que al tiempo apunta también cierta idea de tensión o de miedo. Para darle una cierta elegancia a la portada, adelgacé aún más las letras y les di más separación entre sí. Verticalizado así, el título contrapesaba el dominio horizontal (Nick tumbado y el horizonte detrás) del dibujo de portada.



El último paso fue, como siempre, el más tedioso: dibujar el rótulo bien dibujado. Hay que armarse de escuadra, cartabón y la paciencia de un monje medieval, eso es todo. Pero no hay que obsesionarse tampoco con hacerlo tan y tan perfecto que parezca que se ha usado una fuente digital. Al contrario, lo chulo es que se perciba que está hecho a mano. Esta artesanía es algo que a mí me sigue emocionando en los cómics (aunque, lo confieso, yo hago algunas trampas: una cierta postproducción de copia y pega para la simetría de ciertas letras).




7 mar 2013

La portada

Terminado un libro, toca ponerse a pensar en su cara visible, la portada. Me puse a hacer microbocetos durante un par de mañanas, y así fue como salió. La primerísima versión que había hecho antes de comenzar a dibujar la historia no me satisfacía, la presencia del personaje Vapor era demasiado masiva, y ni quería desvelar su aspecto de entrada ni estaba justificada su importancia dado que no tiene tanto papel finalmente en la historia. Necesitaba algo más ligero y vacío, desértico y por tanto más acorde con el tono gráfico general del libro. Pero tenía que ser potente visualmente, así que necesitaba una mancha negra que solo me podían ofrecer la sombra o el gato. Opté por la sombra porque esas miradas encontradas y esos perfiles idénticos daban mucha tensión a un dibujo aparentemente inocente de puro sencillo.

La banda vertical rayada de la izquierda -una imitación pobre del clásico lomo de tela- la tenía bastante clara, porque quería anticipar de algún modo la textura rugosa que se iba a encontrar el lector en el interior. Del diseño del título hablaré en el próximo post.



Puesto que el libro es en blanco y negro, quedaba descartada una portada a todo color. Pero una portada solo en blanco y negro parece que queda... hum... ¿pobre? Bien, siempre queda la opción de las dos tintas -que creo que domino bastante a base de haberla practicado abundantemente en los primeros años de el Víbora-. Bastaba dar, simplemente, un toque o dos con una tinta de color, quizá solo en el título y en la banda vertical. Hice pruebas en el ordenador. Y entonces fue cuando caí en la cuenta que el puro negro del dibujo quedaba demasiado duro sobre el blanco del fondo. Sustituí el negro por un marrón muy oscuro y la cosa quedaba mejor, por lo menos en pantalla. Busqué entonces la correspondencia con las tintas de impresión Pantone y encontré una que parecía adecuada, aunque la verdad es que hasta que no lo ves impreso no puedes estar seguro del todo.

Decidí hacer unas guardas completamente abstractas usando esa misma textura de la roca sobre un fondo de color también muy oscuro. Si la portada es la puerta de entrada a un libro, las guardas serían el pequeño túnel o pasillo que conduce hasta el vestíbulo (la portadilla). Me pareció que esa textura ayudaría al lector a entrar en la atmósfera visual del libro.

Y finalmente quedaba un pequeño problema por solventar. Iba a haber edición catalana y castellana, y había que diferenciarlas suficientemente, puesto que el título no cambiaba. Odio hacer portadas distintas en estos casos, porque inevitablemente siempre habrá una mejor que otra -y porque representa el doble de trabajo, claro-. Así que opté por diferenciarlas mediante el segundo color. Me tiré una buena tarde probando distintas combinaciones, buscando sobre todo que la vibración de ambas segundas tintas fuera similar (es decir, que pasados a escala de grises, ambos colores dieran la misma intensidad de gris).

Pero la incertidumbre persistió hasta ver el libro impreso, porque la portada no se imprimía en CMYK sino en tintas Pantone, que nunca se ven iguales en una pantalla que en sus catálogos de colores impresos, ni en el resultado final. Pero la verdad es que salió de maravilla (gracias a Emilio Bernárdez, el editor, que mimó la producción del libro).


El dibujo original para la cubierta.

Prueba de color descartada.

Las portadas definitivas, castellano y catalán.




6 mar 2013

El epílogo

Nunca es facil decidir en qué momento tiene que terminar una historia. "Vapor" podría haber terminado tranquilamente con la última viñeta del capítulo anterior, con Nick perplejo ante la propuesta de Vapor.
Pero desde el principio tuve claro que había que volver con los habitantes del desierto para cerrar la historia. Y mi idea en aquel momento era otra, pero a estas alturas, con 104 páginas dibujadas y tantos cambios sobre el punto de partida, la historia dictaba ya por sí misma su conclusión: la vida sigue en el desierto, igual que siglos antes, igual que siglos después. Nicodemo ha sido una estrella fugaz que ha brillado apenas unos segundos en la eternidad desértica. Y sí, Mosh y Juanita lo añoran un poquito, pero nada comparado con la excitación que les produce el próximo desfile de la reina de Saba, para el que faltan aún diez años, pero qué son diez años en la vida del desierto...

El epílogo me servía además para dejar descartada una de las tres opciones de Nick (cuestión que tanto desconcierto ha levantado entre algunos lectores): seguir a Vapor, ir tras la reina de Saba (regresar al mundo) o integrarse ya para siempre en la comunidad desértica.

Solo estuve dudando sobre la conveniencia de dejar una página en blanco antes del epílogo. Era una opción extraña, y realmente poco usada en los tebeos, pero realmente necesitaba expresar el paso de un lapso indeterminado de tiempo y, al mismo tiempo, hacer invisible el paso que iba a dar Nick, fuera éste  cual fuera. En realidad no las tenía todas conmigo y me siguió pareciendo una opción rara hasta que tuve el libro impreso entre las manos y pude comprobar con alivio que funciona razonablemente bien.



2 mar 2013

Aparece (y desaparece) Vapor

Tras la aparición del libro me impuse a mí mismo no hablar del misterioso personaje Vapor en las entrevistas. Es una de las claves del sentido del libro, aunque ni mucho menos la principal. Pero parece que el hecho de que el cómic vaya titulado con su nombre ha despistado a algunos lectores y críticos y los ha conducido a malinterpretar la esencia del extraño personaje y su función en la historia.
Bueno, este blog trata de la mecánica creativa del libro, no del significado del mismo. No estoy aquí para destripar el sentido de la historia. Pienso que una de las virtudes del libro es precisamente la de dejar mucho espacio al lector para la interpretación. Para mí, como autor, es un logro que no había conseguido antes, y no voy a cargármelo aquí. Pero he oído y leído ciertas interpretaciones del personaje Vapor que me alarman porque desvirtúan demasiado el sentido general del libro, así que voy a dar una pista: Vapor es Kurtz. Aquellos que hayáis leído "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad, sabréis a qué me refiero. Los que no, corred a leerlo: es uno de los mejores relatos jamás escritos.

Por supuesto, también me he negado a contestar a otra pregunta sorprendentemente frecuente: ¿Qué decide hacer Nick al final? Bueno, es que yo no lo sé, yo he terminado mi relato ahí y la respuesta le toca imaginarla a cada lector.

Desde el punto de vista técnico, poco que decir sobre este capítulo. Tuve que ser muy, muy cuidadoso con los diálogos del personaje Vapor para mantener la ambigüedad y el misterio que lo rodea. Los escribí y reescribí y taché y retoqué un montón de veces hasta dejarlos en lo mínimo esencial. El aspecto visual básico del personaje ya lo tenía decidido prácticamente al inicio del proyecto, así que solo tuve que aplicarme a encontrar una textura gráfica adecuada para su estado gaseoso y jugar con sus cambios de tamaño y forma. Me gusta especialmente la primera viñeta de la página 107, cuando Vapor se gira y empieza a desvanecerse. Tenía muy presente un cuadro atribuido a Goya, "El coloso", mientras la imaginaba.








27 feb 2013

El desfile (y II)

La selección de imágenes para el desfile fue algo delicado. La extensa lista de temas que me hice, que pretendía reflejar todo lo "tóxico" de la actualidad, lo peor de nuestro mundo convertido en show para las masas, resultó desoladora: no me veía dibujando una carroza llenas de banqueros y brokers, u otra con todos esos logotipos de las grandes compañías multinacionales que odiamos, pero cuyos productos consumimos... Qué explícito, previsible y aburrido se tornaba todo. No, el desfile necesitaba misterio, metáfora y símbolo. Imágenes insólitas, poderosas en cuanto enigmáticas, o bien extrañamente ambiguas. Que el lector decidiera qué es lo que estaba viendo. Fue así como fui urdiendo el desfile, casi en un proceso de escritura/dibujo automáticos, dejando que cada "atracción" me viniera sugerida por el influjo de la anterior.





Pero... ¿cómo terminarlo? La reina de Saba me planteaba un desafío que no resolví hasta el último minuto. Que viajaba en limusina lo tenía claro desde el principio, aunque el gag visual de la página 96 (otra de mis favoritas) lo improvisé mientras dibujaba el original (y también, por cierto, el gag de las gafas 3D, que nunca estuvo en el guión. A estas alturas, la historia se estaba escribiendo prácticamente sola -y volveré sobre esto-).




El gran problema era si teníamos (los personajes, el lector, yo mismo) que ver a la reina o no. Me debatí mucho tiempo sobre ello. Pero hasta que no hice un intento serio de dibujarla no confirmé mis sospechas: mostrarla la convertía en una marioneta más del desfile. Su misterio -la sensualidad irresistible, la majestuosidad arrebatadora, la sinceridad o la falsedad de su desgarro, lo siniestro de la situación- se transmitía mejor mostrando solo una voz agazapada en la oscuridad de la limusina. La imaginación del lector la iba a hacer más poderosa que cualquier imagen que yo pudiera darle.








25 feb 2013

El desfile (I)

Desde que empecé a concebir el libro tuve claro que la secuencia del desfile iba a ser el clímax gráfico de la historia. Quería que fuera visualmente deslumbrante y por eso le dediqué tantas páginas, y sin duda hubieran podido ser aún más, pero el temor a repetirme o caer en tópicos me retuvo. En el libro de Flaubert, de donde tomé la idea, el desfile de la Reina de Saba consiste básicamente en una prolija y exuberante descripción de dioses de la antigüedad pagana, occidental y oriental (Flaubert había viajado a la India y se documentó exhaustivamente), con toda su parafernalia de exotismo, lujo y derroche, mística y vicio: la tentación perfecta para un anacoreta del siglo III d. de C.
Lo que yo quería hacer, sin embargo, debía referirse a la actualidad, a todo aquello de lo que Nick había huído. Decidí dividir las páginas en un esquema rígido de tres tiras panorámicas, y me hice una lista de cosas y temas que debían aparecer. Pero también quería hacerlo de un modo gradual: empezar con algo antiguo e ir avanzando hacia lo contemporáneo. Aquí se puede ver mi primer acercamiento, con una abundante lista de personajes y cosas, bastantes de ellas finalmente eliminadas:




En mi concepción visual del desfile tuvo mucho que ver esta página de Herbert E. Crowley, que me tenía -y me tiene aún- hechizado por sus cualidades hipnóticas, un ritmo visual repetitivo conseguido a base de la multiplicación de figuras idénticas con movimientos cuidadosamente coreografiados. Para quitarse el sombrero. Más abajo, una muestra del resultado de mi pobre intento de emular lo que Crowley hizo hace cien años.





Nominaciones y premios

"Vapor" está entre los 10 nominados al Premio a la Mejor Obra de Autor Español del próximo Saló del Cómic de Barcelona. Y quedó recientemente en segundo lugar en las votaciones de los lectores de la web Entrecómics para el mejor cómic nacional de 2012.

5 feb 2013

La edición francesa




Aquí la portada de la exquisita edición francesa de "Vapor", editada por l'Apocalypse, la nueva editorial que ha montado J. C. Menu tras abandonar l'Association. 

El libro, por cierto, no se titula "Vapeur" porque tanto la traductora, mi amiga Isabelle Thierry, como el editor opinaban que la palabra francesa carece de la fuerza y el misterio del término español, y dado que se trata del nombre de un personaje, propusieron mantenerlo tal cual. La inclinación del diseño de portada no es un capricho raro, sino la marca visual de todos los libros de l'Apocalypse. Y mi nombre aparece escrito con la grafía de mi firma -a diferencia de la edición española- para diferenciarme en lo posible del autor francés que también firma Max (un ya muy antiguo quebradero de cabeza que nunca acaba de terminar).

La edición en inglés de Fantagraphics está prevista para junio, y la alemana, en Reprodukt, para otoño.
Adjunto foto de mis firmas en Angoulême encontrada en Facebook.




16 ene 2013

Portadas

Este blog ha sufrido un parón bastante largo debido a agobios diversos. Pronto vuelvo al tema.
Mientras tanto, y para amenizar la espera, aquí va una portada para el número 81 de la revista
La bolsa de pipas (abril/junio 2011), en la que pre-publiqué el primer capítulo de "Vapor".




Y esta es una versión para la portada y contraportada del próximo número de la revista colombiana Caballo perdido, que está a punto de salir.




2 ene 2013

Una reseña

"Vapor" visto por Los buzos de la esquina (Jordi Costa y Jonathan Millán) el miércoles pasado en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Lean el texto en su blog y presten atención también al título puesto por Carlos de Diego (cada semana los autores invitan a una tercera persona a titular su reseña): "A man, a plan, a canal, Panamá".



28 nov 2012

Presentación en Madrid

El sábado 1 de diciembre, a las 18h. en FNAC-Callao, Jordi Costa y yo presentaremos "Vapor".



21 nov 2012

Estampación

Aquellos/as que acudan con su ejemplar de Vapor a las sesiones de dedicatoria (este fin de semana en el Salón de Getxo, el siguiente en Expocómic de Madrid) se llevarán en el mismo, además del dibujito espontáneo de rigor, esta exclusiva estampación mediante sello de goma.


Influencias

Bueno, están las evidentes y declaradas, ya he hablado de ellas: Herbert E. Crowley, George Herriman y Moebius. Y creo que no me guardo ninguna en la manga. Pero de repente los lectores perciben otras, y estas son las más interesantes puesto que se han deslizado por mi subconsciente de manera furtiva.

Un par de personas me han hablado ya de los dibujos de Kafka. Es cierto que escribí sobre ellos en Babelia hace unos meses, cuando Sexto Piso publicó una recopilación de los mismos. Yo no veo esa influencia, pero en fin, siempre me han interesado mucho algunos dibujantes del simbolismo y expresionismo centroeuropeos con los cuales me parece que Kafka está emparentado de algún modo, gente como Alfred Kubin, Frantisek Kupka, Bruno Schulz y otros. Y también cuenta aquí la enorme influencia que ha tenido en mi imaginario visual el cine expresionista alemán (me chupé un ciclo completísimo en la Filmoteca de Barcelona cuando era estudiante, y me dejó absolutamente poseído).

Otro nombre que ha salido es el de Otto Soglow, y éste me lo señaló Emilio, mi editor. Aquí me rindo a la evidencia. Precisamente estuve leyendo una reedición de "El reyecito" poco antes de dibujar la secuencia del desfile en "Vapor", y se ve que algo quedó de la experiencia (la página de la limusina, por ejemplo). La pureza de la línea y el minimalismo de Soglow permanecen imbatibles, y la verdad es que mientras lo releía, babeaba de gusto y pensaba en cuánto tenía que aprender aún de lo que este hombre hizo.

También me han mencionado a Phineas, de los Freak Brothers, a propósito del filósofo del tonel. Bueno, pues es verdad que se le parece, y no es nada extraño. Llevo leyendo a Gilbert Shelton desde mi adolescencia y es una influencia enorme.

Seguro que aún hay más. Hagan sus apuestas.

19 nov 2012

Calma chicha

Poco hay que decir de este capítulo (el séptimo). Escenas de calma en el desierto. Nick se ha desembarazado por fin de todo lo que venía arrastrando, se siente ligero y en paz con todo. Se reencuentra con Mosh y con Juanita, y todo es buen rollo. ¿Hay algo más bonito en este mundo que quedarse alelado mirando las nubes rodar por el cielo y decidir si nos recuerdan más a un dragón o a un hipopótamo? Pues eso. Me limité a reunir algunas ideas visuales fragmentarias que tenía en mente y a darles un desarrollo mínimo, también con diálogos mínimos, como se ve aquí. Me salieron 10 páginas, estructuradas en secuencias de doble página (dos de Nick solo, dos con el gato, dos más de Nick solo y dos con Juanita) más las de apertura y cierre del capítulo, que son panorámicas y por tanto dan idea de que el tiempo transcurre con el ritmo pausado de la naturaleza, de las piedras y las nubes.



14 nov 2012

Montaña rusa

Bien, pues ya tenía mi capítulo 5. Los bandidos se habían esfumado para siempre, sustituidos por un sueño de gigantes alpinos, el náufrago había tenido su papel y Nick ya sabía que tenía que ser agua. Pero eso me obligaba, naturalmente, a replantearme la continuación. Había rebasado ya el ecuador del libro y me tocaba ponerme con un sexto capítulo que había quedado vaciado de contenido. Repasé lo que llevaba hecho, y tuve claro que ya no había sitio para más encuentros con personajes del desierto, que ya era hora de que Nick empezara a centrarse en sí mismo y en sus conflictos internos para así poder llegar en el capítulo 7 a algo parecido a la paz interior, que es lo que tenía previsto desde el principio.
Tenía abocetadas varias ideas sueltas para los intercapítulos: uno era una secuencia en la que Nick, perdido en la niebla, añoraba un montón de cosas de su vida mundana (especialmente las chicas), por lo que se ganaba un nuevo ladrillazo. Esta secuencia me venía de perlas como colofón al capítulo 5 (y, de paso, me daba pie a cerrar el asunto pendiente con el leñador desde el capítulo 3). Tenía también ideas para una secuencia de lluvia que traía recuerdos felices de la infancia, otra de rabia y furor construida exclusivamente a base de tacos y palabrotas, y aún una tercera en la que Nick entraba en un trance de tipo pastillero inducido por un acceso de alucinaciones acústicas. Me pareció que quizá podría refundir estas secuencias e hilvanarlas con sentido en un solo capítulo largo.
Empecé a organizar así una larga secuencia de estados de ánimo cambiantes para Nick, una auténtica montaña rusa emocional que empezaba, en un primer movimiento, con la lluvia torrencial (agua, enlazando así perfectamente con los consejos del náufrago) y la regresión a la infancia que llevaban a nuestro hombre a una fugaz epifanía de la felicidad absoluta. De la cual pasaba instantáneamente a un acceso brutal de frustración e ira catártica para, sin solución de continuidad, culminar en un trance psicotrónico con clímax extático y resaca incluidos. Funcionaba la mar de bien, y con todo esto me salía un capítulo de diez páginas tras las cuales ya tenía a Nick a punto para empezar a disfrutar de su bien ganada paz interior.
No hay bocetos de guión del capítulo completo, pues lo fui construyendo sobre la marcha en el original a partir de los bocetos que tenía para los intercapítulos.







Las dos páginas del cabreo las dibujé a lo burro, para que tuvieran un aspecto tan salido de tono como los exabruptos que Nick suelta. Alguien me ha señalado una influencia de Harvey Kurtzman en esos trazos, pero lo cierto es que nunca se me pasó por la cabeza tal cosa. Si acaso, me sentía más bien haciendo algo vagamente en la onda de lo que Juanito Mediavilla hacía a veces en sus páginas para el Víbora. Pero claro, ahora caigo en que precisamente Mediavilla es un confeso admirador de Kurtzman...
Igualmente, quise buscar un tratamiento gráfico diferenciado para las páginas del trance, y acabé haciendo una divertida regresión al grafismo underground de los setenta. También me lo pasé de miedo imaginando onomatopeyas para los ritmos electrónicos que Nick oye en su cabeza. Hay bastante aquí de continuación de un experimento que hice en una historieta de dos páginas para el tebeo colectivo Sònic Còmix hace once años.

13 nov 2012

El azar benevolente

La solución es, a veces, tan simple como levantar la vista del papel y mirar a tu alrededor con atención. Y lo que tenía justo al lado era una historieta recién terminada para un número de la revista suiza Strapazin dedicado al tema "montañas": seis páginas sin palabras tituladas "Berggeister" (espíritus de la montaña) de las que me sentía bastante satisfecho. Y que gráficamente estaban en la misma longitud de onda de Vapor, aunque por lo demás no tenían nada que ver. Así y todo me puse a darle vueltas porque pensé que sería más que genial poder salir del atolladero nada menos que integrando en el libro unas páginas que ya tenía dibujadas. Y entonces caí en la cuenta de que en "Vapor" faltaba un clásico de casi todos mis libros: la secuencia onírica. ¿Cómo era posible que no hubiera previsto en el guión ni un solo sueño para Nick? Y de pronto me pareció muy lógico que alguien que está en un desierto sueñe con montañas nevadas. Y la nieve me llevó al agua, y el agua al vapor... Ahí tenía la conexión entre ambas historias, y no parecía tan descabellado después de todo. Ni siquiera tenía que tocar nada, solo añadir dos páginas más para completar el capítulo. Y entonces se me ocurrió recuperar al náufrago-filósofo para interpretarle el sueño a Nick según una técnica psicoanalítica clásica, que consiste en interpretar todos los personajes que aparecen en un sueño como aspectos distintos del propio soñador. Y ya ahí, mientras escribía ese diálogo, se presentó en mi cabeza con toda naturalidad aquella frase que, en boca de Bruce Lee, hizo famoso un anuncio televisivo de hace unos años: Be water, my friend.







8 nov 2012

Crisis

Tras un periodo de inactividad bastante largo debido a otros trabajos llegó el momento de enfrentarme al siguiente capítulo. Y el suelo se hundió bajo mis pies.
El capítulo 5 debía ser el de los bandidos. Pero no lo tenía resuelto, todo cuanto había anotado sobre él resultaba demasiado endeble. Los bandidos secuestraban a Nick para pedir un rescate a su familia. Estos bandidos eran tres tipos torpes e inútiles, una especie de talibanes ridículos que vivían en una cueva donde acumulaban el botín de sus pillajes a viajeros incautos. El problema es que ni yo mismo me los podía tomar en serio y mucho menos visualizar. En su cautiverio, Nick debía coincidir con otro rehén, el náufrago-filósofo, un sonado con síndrome de Diógenes que había aprendido filosofía leyendo los suplementos culturales de los periódicos atrasados que acumulaba. En fin, que todo resultaba demasiado burlesco e inverosímil, y me rompía el tono de la historia. Es cierto que, en alguna entrevista, yo había definido el libro como una "ópera bufa", pero esto era ya decididamente demasiado bufo y grotesco.
Me quedé atascado ahí durante semanas, aquello no iba a ninguna parte. Pensé en eliminar directamente el capítulo, pero entonces debía cargarme también el siguiente (en el que Nick y el náufrago escapaban de los bandidos aprovechando que estos se habían emborrachado), y eso me dejaba el libro delgaducho y cojo. Y lo peor es que esta crisis empezaba a hacerme dudar de la validez de lo hecho hasta entonces y de la viabilidad del proyecto. Pero bueno, ya conocía esta sensación: suele sucederme en cualquier proyecto largo. Más o menos en el ecuador del mismo se produce invariablemente un atasco y el consiguiente bajón anímico, uno empieza a flaquear, a dudar, todo pierde su sentido de repente, el desaliento se impone y parece que todo se desmorona.
Aquí algunos fragmentos descartados de puesta en página del capítulo frustrado:






La estructura

Hasta el capítulo 4 estuve siguiendo a rajatabla la estructura que había imaginado para el libro: 8 capítulos de 8 páginas -cada uno correspondiente a un encuentro de Nick con otro personaje- y sus correspondientes intercapítulos de 4 páginas cada uno con los monólogos de Nick. Luego había un capítulo de 16 páginas para el desfile y finalmente el encuentro con Vapor, de 8 páginas, y 4 más a modo de conclusión. Como necesito ponerlo todo sobre el papel para visualizarlo, me hice este diagrama (fechado el 19 de abril de 2010) en el que fui tachando y corrigiendo según iba haciendo cambios a medida que iba dibujando y avanzando. Lo que veis aquí es el esquema en su estado final, con todos los cambios que sufrió. En la columna de al lado iba anotando ideas "comodín", posibilidades interesantes de las que podía ir echando mano en caso de necesidad. Esta hoja fue la auténtica "hoja de ruta" del libro.



5 nov 2012

Cuarto capítulo

Ya mientras escribía los primeros diálogos en bruto para el libro y aún no había dibujado casi nada, no pude resistirme a abocetar una secuencia de la sombra.


Así que este era uno de los capítulos que más claros había tenido en mi cabeza desde el principio, sobre todo en lo visual. Me puse a trabajar en él inmediatamente después del anterior. En los tres primeros capítulos no había apenas mancha negra, y yo la estaba echando ya en falta (a los dibujantes nos encanta la contundencia del negro). Intuía que dibujar la sombra y sus movimientos sinuosos podía ser un auténtico festival, así que me puse a planificar las páginas con ganas, y esto es lo que salió:




Decepcionante y bastante aburrido: el encanto visual de la sombra no me aguantaba más allá de las cuatro primeras páginas. Faltaba fuerza, tenía que dar con algo que rompiera la monotonía de los dos personajes hablando durante ocho páginas, por muy jugoso que fuera el diálogo. Me di cuenta que tenía que explotar visualmente la sombra mucho más, así que empecé a imaginar que quizá podía aumentar de tamaño y romper los límites de las viñetas. Y así llegó el hallazgo visual de usar a la propia sombra para crear la estructura de la página y separar viñetas. Creo que es importante recalcar que esta idea no apareció primero en mi cabeza y luego la llevé al papel, sino que cobró vida sobre el papel, mientras abocetaba. Y, a partir de ahí, me entretuve de lo lindo jugando con las posibilidades de la muy maleable anatomía de la sombra.



Y ahora me doy cuenta que he olvidado poner el boceto del intercapítulo anterior, el del ladrillazo y la canción de Madonna. Lo de Madonna es tan sencillo como que en uno de los bares donde suelo trabajar en la puesta en página tenían puesta una radiofórmula o hilo musical donde día sí y día también machacaban con "La isla bonita" a las siete de la mañana. Así que el gag de la tonadilla pegadiza salió directamente de ahí. Y el ladrillazo como remedio surgió porque había estado revisitando recientemente las reediciones de Krazy Kat. Realmente, a veces el azar es benigno y te pone muy a mano las cosas que necesitas.